14 de noviembre de 2016

¿Ser auténticos?

Este post es más un ejercicio de interiorización, es un viaje hacia mi esencia, tratando de entrar en comunión con mis orígenes indígenas. En mi caso soy un mestizo sin pretensiones arias o anglosajonas, tengo una participación genética mayoritariamente indígena. Sin embargo, vivo en un entorno algo esnob -tanto así que algunos creerán que está mal escrito- en donde la adopción de costumbres extranjeras como el lenguaje o la comida resultan, por decir lo menos, curiosas. Es increíble cómo es cool comer sushi o comida mediterránea y menospreciar la comida criolla, como adoptamos un lenguaje lleno de anglicismos como si no existieran suficientes palabras en español.

Mi punto, aunque parezca, no es una crítica sino una interiorización de que tan permeado estoy por esto. Creo que es importante conocer el mundo, me parece que hay que buscar la manera de viajar hacia al norte, al sur, al este y al oeste, lo que me parece inverosímil es no conocer lo que tenemos cerca primero, en Colombia hay nevados, desiertos, selva, playas y mucho de eso explorado por extranjeros con la ausencia casi total de los que somos y vivimos en este país.

Al final, cuando nos quejamos de nuestra cultura, estamos desconociendo que somos quienes la construimos y esto es básico, palabras como: Locombia, Colombianada o Chibchombiano ya habla de las diferencias que algunos creen que hay entre los mestizos arios y los mestizos indígenas, hablan como si fueran de otro país “nosotros no vivimos en Locombia y no hacemos colombianadas”. Denigramos de lo nuestro, como si con esto  fuera posible construir una identidad fuerte, nos gusta hablar de los viajes por el mundo como si viajar en sí mismo fuera una experiencia universal, para mí no deja de ser una experiencia particular, ver la gente caminar detrás de un guía es muy diferente a ver la gente tratando de hacerse entender por un vendedor ambulante que no habla su mismo idioma, es claro que el hecho de viajar a un país no es sinónimo de conocerlo, por eso muchos de los que no conocen una ranchería en la Guajira y si los parques de Orlando, pueden tener mucho menos mundo y una visión más limitada que el que no ha salido de su país.


Así que mi conclusión es que para construir nuestra propia identidad tenemos que conocernos primero y hablo como individuos, entender de dónde venimos y el porqué de nuestras actitudes, vivir la calle y finalmente aceptarnos como somos. Entender a la gente que vive este país sin la más remota esperanza de poder salir de él, ni si quiera ocho días en uno de esos planes populares all inclusive, esos seres maravillosos que sonríen cuando nos atienden y nos dicen sumercé con cariño sin saber que la expresión tiene un dejo de colonización que a mí no me gusta porque marca una diferencia de clases, para mi inexistente, porque al final nadie es más valioso que otro.

Quizá estoy un poco nostálgico luego de volver de un viaje de fin de semana por un pueblo santandereano que me dejó ver nuevamente lo maravillosa que es la gente que no ha sido contaminada por las urbes, no dejemos que nos contaminen más y recordemos que cuando nos morimos todos somos iguales, unas calaveras.

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